No todo lo que brilla es Educación Virtual en tiempos de pandemia

Luego de más de dos décadas de estar trabajando en pro de la educación virtual, del humanismo digital y de la transformación digital del aprendizaje, todavía sorprende encontrar columnas como la de la profesora Sandra Borda Guzmán y su deseo para el 2021, de volver a las clases y al contacto presencial que le ha quitado el Covid.

Una columna muy romántica, respetable y emotiva pero, es un hecho que las maneras que la humanidad encontró en el pasado para transferir el conocimiento de generación en generación vía maestros, estudiantes y encuentros presenciales en el aula, hace tiempo se han visto modificadas por las tecnologías.

El papel de las universidades entre otros, es el de difundir el conocimiento en las sociedades. Sí, es cierto, existen experiencias que por varias décadas han venido desarrollando modelos educativos con fundamentación epistemológica y prácticas exitosas hacia una educación virtual, pero a pasos muy lentos; por otro parte, en la actualidad las experiencias que por primera vez están viviendo colegas docentes bajo el modelo de dictar “clases virtuales” en tiempos de covid-19, no pueden ser entendidas como educación virtual.

Estas experiencias y sentires son válidos, si las comprendemos desde el paradigma de una docencia presencial a la que, de tajo, se le desarraigó del aula física a los estudiantes y al protagonismo del docente, que requiere mirar a los ojos a sus estudiantes, para auto validar si su discurso les está “llegado”.

Este desarraigo se está dando en la mayoría de los casos, debido a las estrategias “express” implementadas por las instituciones de educación, sin modelo educativo virtual previo, ni formación de docentes y estudiantes para el nuevo contacto y comunicación a través de mediaciones pedagógicas y tecnológicas (recordemos que los docentes se capacitaron en el uso de herramientas comunicativas para impartir clases, que es algo distinto a una educación virtual).

De todo lo malo del COVID, hay que destacar que fue un catalizador que denomino CORONAVIRTUS, el cual aceleró el papel de las universidades, instituciones y empresas de cara a la transformación digital que requiere la sociedad del conocimiento en todos los ámbitos.  Este catalizador permitió que la EDUCACIÓN PRESENCIAL TELE ASISTIDA, se asentara con mayor velocidad en la sociedad gracias a que, una variable externa como el COVID-19 modificó (no muy al gusto y velocidad con que venían las instituciones), las maneras en que los ciudadanos hoy deben acceder al conocimiento.

El aprendizaje se liberó del confinamiento de las aulas y volvió al contexto, a los hogares, poniéndose más en sintonía con el aprendizaje para la vida, tan destacado y anhelado como una herramienta de supervivencia que requiere todo ciudadado para su adaptabilidad, ante los actuales contextos de incertidumbre que vive el mundo.

Es claro que la educación presencial como la educación virtual no serán para todos los perfiles de docentes y estudiantes, pero de seguro, lo que no se debe promover es la estigmatización de la una hacia la otra, ya que ambas son pertinentes!

Mi deseo para el 2021 es que, la educación pueda transformarse digitalmente a partir de las experiencias de la educación presencial “tele asistida” y de la educación virtual, que aprendan la una de la otra, para responder a contextos de cambio más abiertos, más flexibles y más interconectados, garantizando un aprendizaje para la vida.

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